La enfermedad de hígado graso no alcohólico (NAFLD, abreviado por su acrónimo en inglés: “non alcoholic fatty liver disease”) es actualmente considerada la enfermedad hepática crónica más frecuente, afectando entre el 16 y el 46 % de la población dependiendo del estudio analizado. 1
NAFLD está definida por el exceso de depósitos de triglicéridos a nivel hepático, y es considerada el componente hepático del síndrome metabólico (SM). Se trata de un grupo de enfermedades que abarcan desde la esteatosis simple hasta la cirrosis hepática. Su etiopatogenia si bien se creía que estaba asociada a dos hitos o daños específicos a nivel hepático, el primero el depósito de grasa y el segundo la inflamación y liberación de citoquinas que se generaban al sobrepasar los mecanismos celulares de defensa a nivel hepático; hoy se sabe que son múltiples y que pueden actuar de manera simultánea. Entre los factores que pueden generar este daño se encuentran la genética y epigenética, la obesidad, la dieta, la modificación de la microbiota, la insulinoresistencia, la lipotoxocidad y la inflamación sistémica. 2
Según las diferentes guías nacionales e internacionales, se ha establecido que el manejo de la enfermedad no se basa solamente en el control por el especialista, sino que se requiere de un equipo interdisciplinario. Es sabido que para una mejora de NAFLD es necesaria una reducción de entre el 7 – 10% del peso, lo que lleva a una mejora de los parámetros de laboratorio y de la histología hepática.
En cuanto a los fármacos que se encuentran disponibles, no existe indicación con alto grado de evidencia aún para tratar la enfermedad. Si bien hay algunas diferentes indicaciones para el uso de vitamina E y pioglitazona, las guías no realizan recomendaciones firmes acerca del uso de las mismas. 3
Si bien el uso de estatinas en estos pacientes muchas veces genera controversias, dado que pueden presentarse con aumento de transaminasas previo al tratamiento, el uso de las mismas es seguro en estos pacientes. Sobre todo, si se busca un descenso de los niveles plasmáticos de colesterol, lo que sabemos disminuye el riesgo cardiovascular. 3-4
Varios estudios que evidencian que el uso de estatinas mejoraría NAFLD. La rosuvastatina ha mostrado disminución en la progresión histológica a esteatohepatitis no alcohólica (NASH por su acrónimo: “Non-Alcoholic Steato Hepatitis”). Las estatinas además protegerían por su efecto antiinflamatorio a la progresión a Hepatocarcinoma en pacientes con cirrosis por NAFLD. 4
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