La fibrilación auricular (FA) representa uno de los principales problemas médicos a nivel mundial no solo porque incrementa el riesgo accidente cerebrovascular (ACV) y de hospitalizaciones, sino porque su prevalencia aumenta dramáticamente con la edad. Se estima que la misma varía entre el 0.1% entre adultos menores de 55 años y el 9% en aquellos de 80 años.1
El tratamiento de la FA no valvular se basa en tres estrategias: anticoagulación para evitar ACV, tratamiento de los síntomas y la detección y tratamiento del riesgo Cardiovascular y las Comorbilidades. La terapia con fármacos anti vitamina K (Warfarina/ Acenocumarol) fue por muchos años el gold estándar del tratamiento hasta la llegada de los anticoagulantes orales directos entre ellos dabigatrán, ribaroxabán y apixabán. Los estudios muestran que los anticoagulantes orales directos reducen significativamente el riesgo de accidente cerebrovascular o eventos embólicos en un 19% comparado con warfarina2 y el riesgo de hemorragia mayor con un mejor perfil de seguridad. 3
Los adultos mayores con fibrilación auricular, se benefician de la anticoagulación, y a pesar de esta premisa, por cada año agregado después de los 60, se reduce un 4% la indicación de anticoagulación. 4 Los resultados de los meta-análisis de los ensayos de fase III con apixaban encontraron que la edad no afectó el perfil de riesgo-beneficio del apixaban, y por lo tanto la edad avanzada NO contraindica su uso basándose únicamente en este parámetro. 5
La escala HAS-BLED permite calcular el riesgo de sangrado en pacientes con fibrilación auricular que reciben anticoagulación oral, partiendo de los factores de riesgo asociados con la probabilidad de sangrado, entre ellos la edad y la función renal. Algunos anticoagulantes directos permiten un ajuste de dosis en función a estas condiciones. Se debe administrar una dosis reducida de apixaban (2,5 mg cada 12 horas) si los pacientes tienen al menos dos de los siguientes criterios: edad ≥ 80 años, peso corporal ≤ 60 kg o creatinina sérica ≥ 1,5 mg/dL.3
Un control médico periódico para controlar función renal y la toma correcta de la medicación permite minimizar el riesgo de complicaciones en esta población, favorece a mejorar la calidad de vida y disminuir la mortalidad.
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Go AS, Hylek EM, Phillips KA, et al. Prevalence of diagnosed atrial fibrillation in adults: national implications for rhythm management and stroke prevention: the AnTicoagulation and Risk Factors in Atrial Fibrillation (ATRIA) Study. JAMA. 2001;285(18):2370-2375. doi:10.1001/jama.285.18.2370
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Ruff CT, Giugliano RP, Braunwald E, et al. Comparison of the efficacy and safety of new oral anticoagulants with warfarin in patients with atrial fibrillation: a meta-analysis of randomised trials. Lancet. 2014;383(9921):955-962. doi:10.1016/S0140-6736(13)62343-0
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Granger CB, Alexander JH, McMurray JJ, Lopes RD, Hylek E, Hanna M, et al. Apixaban versus warfarin in patients with atrial fibrillation. N Engl J Med. 2011;365(11):981–992. doi: 10.1056/NEJMoa1107039.
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Lamassa M, Di Carlo A, Pracucci G, et al. Characteristics, outcome, and care of stroke associated with atrial fibrillation in Europe: data from a multicenter multinational hospital-based registry (The European Community Stroke Project). Stroke. 2001;32(2):392-398. doi: 10.1161/01.str.32.2.392
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Agnelli G, Buller HR, Cohen A, Curto M, Gallus AS, Johnson M, et al. Oral apixaban for the treatment of acute venous thromboembolism. N Engl J Med. 2013;369(9):799–808. doi: 10.1056/NEJMoa1302507.